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Al rescate de la identidad femenina: Oso, de Marian Engel

En la novela de Marian Engel una bibliotecaria mantiene una relación amorosa con un oso; tanto oso como mujer han sufrido de la caricaturización y han sido confinados en estereotipos.

Oso

Nada en él indicaba si sufría o no, si le gustaban los pijamas de topos o a rayas o si algún día escribiría un libro sobre humanos vestidos de pensamientos osomórficos. Un oso es más una isla que un hombre, pensó.

Aunque poco conocida en los países de lengua hispana debido a las pocas traducciones de su obra, Marian Engel es considerada una de las principales figuras de la literatura canadiense del siglo XX. Nació en Toronto en 1933 y fue la primera mujer en pertenecer a la junta directiva del sindicato de escritores de Canadá, además de una ferviente activista por los derechos de los escritores en el ámbito nacional e internacional.

En 1982 fue nombrada Oficial de la Orden Canadiense y recibió el Toronto Book Award. Si bien cuenta con una docena de obras, su trabajo más conocido fue la controversial novela Oso, en la cual una bibliotecaria mantiene una relación amorosa con un oso. A pesar de la polémica, la novela le valió el Governor General’s Award for Fiction en 1976. Engel murió de cáncer en Toronto, en 1985.

Lou, una bibliotecaria introvertida que trabaja para el Instituto Histórico de Toronto, es enviada al norte, al distrito de Algoma, para investigar una antigua mansión victoriana, ubicada en una pequeña isla, que le ha sido heredada al instituto. Si bien su misión es inventariar la biblioteca en busca de cualquier cosa que sea significativa para la historia de la zona, Lou no tarda en enterarse de que también ha quedado a cargo del cuidado de un oso perteneciente a la antigua propietaria del lugar.

Aunque en continuo contacto con una que otra persona, pronto Lou descubre en la isla un paraíso en el cual gozar de su soledad, pero también comenzará a desarrollar una cierta atracción hacia el otro habitante de la isla. Dicha atracción, aunada a la investigación de la biblioteca, la conducirá a un viaje de autodescubrimiento, a cuestionarse sus elecciones en la vida y su propia identidad como mujer y como ser humano.

Antigua deidad celta, símbolo de la nobleza, tótem sagrado, padre y madre de héroes míticos, depredador y presa, el oso del que Lou se enamora es eso y más. Acostumbrada desde la infancia a los osos de peluche, a los de las caricaturas y los libros infantiles, Lou se sorprende al dase cuenta de que, en realidad, no sabía cómo era un oso de verdad. Y es que tanto oso como mujer han sufrido de la caricaturización y han sido confinados en estereotipos, se les adornó y alteró para hacerlos parecer adorables  y hasta indefensos.

Lou y el oso son parecidos, ella, como historiadora, sabe que el pasado de las personas y los lugares suelen ser alterados y maquillados, mientras que el oso, quien en cada hibernación visita el origen de todo: la tierra y el sueño, conoce la verdadera naturaleza de las cosas.  Habitante del subconsciente,  el oso es la parte que Lou ha olvidado de sí misma, es aquello que los hombres se adjudicaron como propio bajo el término de “masculinidad”, pero, como Lou descubrirá, es también la constelación que ayuda a encontrar el camino a los viajeros perdidos.

Alonso Núñez Utrilla

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